sábado, 11 de octubre de 2014

Aquí dise de cómo fue fablar con doña Endrina el arçipreste.

Del buen Amor.

¡Ay, quán fermosa viene
Doña Endrina por la plaça!
¡Qué talle, qué donayre,
qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla,
qué color, que buenandança!

Pero tal lugar non era
para fablar en amores,
a mí, luego, me vinieron
muchos miedos e temblores.
Los mis pies e las mis manos
non eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza,
mudáronse mis colores.

Fablar con muger en plaça
es cosa muy descobierta,
porque, a veçes, mal atado
está el perro tras la puerta.
La buhona con harnero
va tañendo cascaveles,
y menando de sus joyas,
sortijas con alheleles.

Abaxe más la palabra,
dixel quen juego fablaba,
porque tot aquella gente
de la plaça nos miraba.
Començé a decir mi quexa
del amor que me afincaba.

Con la gran pena que paso
vengo vos decir mi quexa;
vuestro amor e deseo
que me afinca, que me aquexa.
Non me tira, non me parte,
non me suelta, non me dexa.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.

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